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Según marca la tradición en los Países Bajos, el Día del Rey, todo el país se tiñe de naranja y la gente sale a la calle para festejar el cumpleaños de Su Majestad. Este año, debido a la crisis sanitaria, no pudo ser. Sin embargo, con el apoyo incondicional de su mujer, la reina Máxima, y de sus hijas, las princesas Amalia (16), Alexia (14) y Ariane (13), Guillermo Alejandro sopló 53 velitas en Huis ten Bosch pero no se privó de tener un "zoomple" (el festejo que hoy se impone en el mundo) con su pueblo en su día más especial.
Después de saludar desde la puerta del palacio a los muchos curiosos que querían ver desde la distancia al monarca y a su familia, el Rey pronunció un breve discurso transmitido por la televisión pública, en el que sostuvo que aunque hubiera preferido estar en Maastricht (donde iban a ser los festejos principales), la cancelación fue inevitable y necesaria. "Hoy nuestros pensamientos también están con todos aquellos profesionales que están comprometidos con el coronavirus y no tienen tiempo para el Día del Rey. Gracias por su tremenda dedicación y perseverancia (…). Ahora es tiempo de fiesta. Ojalá este Día del Rey sea inolvidable. Disfruten a la distancia, pero juntos, para mantenernos sanos".
Desde sus respectivas oficinas, Sus Majestades se contactaron con diferentes grupos que querían saludar al Rey y, a las 16, los ciudadanos se unieron en un brindis desde sus casas. Además, la princesa Amalia, heredera del trono, ejerció de maestra de ceremonias en la apertura virtual de Markplaats, una tienda que permite vender desde ropa hasta clases de cocina, actuaciones musicales y talleres. Parte de las ganancias se destinarán a luchar contra el cáncer infantil.







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